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En la actualidad no es una sorpresa saber que cada vez estamos más preocupados por la educación de nuestros hijos/as. En una sociedad tan competitiva como la nuestra se nos crea la necesidad de tener más títulos y capacidades laborales para encontrar un trabajo acorde a nuestros estudios. Esto hace que los padres se preocupen cada vez antes de formar a sus hijos para una sociedad que nos educa para ser los mejores, en la que no vale el fallo. Y el error, en muchas ocasiones, está ahí. El concepto de “títulitis” que se extiende como una plaga. Miles de personas con currículums con una extensión inmensa. Pero ¿eso es todo? ¿le pago a mi hijo los mejores estudios en las mejores escuelas? Ahí no acaba todo, es más, ni siquiera empieza.

Jóvenes en un Intercambio Europeo

La formación intelectual de nuestros hijos debe ir ligada a la formación personal de estos, y esta última es tan importante como la primera. Lo que necesitamos son personas autónomas,  empoderadas, con la mente abierta, con capacidad de gestionarse, de analizar, de conocerse…. Y todo eso no aparece en los libros. Por ello, una de las partes fundamentales en la formación de un joven son aquellas actividades que le ayudan a desarrollar esa parte de él. Tenemos miles de herramientas innatas, pero hasta que no llega el momento y la situación no somos capaces de sacarlas a la luz.

Pero ¿como hago que mi hijo desarrolle estas cualidades tan imprescindibles para su vida personal y profesional? Una de las claves es viajar. Y lo más importante, hacerlo desde pequeños. Viajar nos abre la mente, cuando estamos en nuestra zona de confort no somos capaces de ir más allá porque solo soñamos pero no hacemos realidad nuestros sueños. Es decir, nos quedamos en pensar y no en actuar. El viaje nos permite nuevas maneras de ver las cosas, conocer a otras personas nos hace más sociables, mejorar las habilidades comunicativas, comparar con lo que conocemos….crear un nuevo yo. De cada persona que conocemos, de cada lugar que pisamos….nos llevamos un trocito y nos hace reconstruirnos una y otra vez. Vamos aprendiendo del otro, del reflejo del otro nos hacemos a nosotros mismos ¿no es esto maravilloso? Somos experiencias, recuerdos, historias vividas, lugares caminados, somos el puzzle de nosotros y todas las personas que hemos conocido.Conocemos a través del otro, aprendemos por imitación. Las demás personas son las que nos aportan la necesidad de saber cosas nuevas, de comunicarnos en otros idiomas, de conocer otras costumbres….

Viajar cuando somos jóvenes es la clave. Aunque como padres nos pueda dar miedo que nuestro hijo se vaya con otros jóvenes a edades tempranas…¿no nos da más miedo que no pueda vivirlo? Si no viajan, no se desarrollan de la misma manera. Se trata de que tengan retos, hacerles crecer para que después la vida les sea más fácil, que tengan habilidades para superar todos los contratiempos que le vida les ponga ¿Y no es eso precisamente lo que queremos? Cuando más pequeños más capacidad de aprendizaje y más absorbemos, sobretodo porque no tenemos perjuicios o miedos que después a lo largo de los años pueden aparecer.

Por eso, vamos a dar oportunidades a nuestros hijos para que empiecen a agitar las alas…..¡y puedan volar!

“Me di cuenta rápidamente que no hay viajes que nos lleven lejos a menos que se recorra la misma distancia en nuestros mundo interior que en el exterior”

 

 

Sara Virto

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