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Cuando estudiaba la carrera, en clase de “English in Use” el profesor nos propuso realizar una exposición en la que debíamos presentar un tema. Recuerdo el día en el que le tocó exponer a una compañera. Era una chica que habitualmente sacaba buenas notas, muy constante y trabajadora aunque muy tímida e insegura. Se preparó la exposición a conciencia pero a la hora de exponerlo lo hizo con un tono de voz bajísimo, con el que a malas penas le oían los de la primera fila, sin contacto visual y sin ningún tipo de interacción con los oyentes.  La clase desconectó desde el minuto uno, ya que ni siquiera se le oía. Ante una puesta en escena tan desastrosa, el profesor le suspendió.

Todo esto me hizo pensar: Esta chica dominaba el inglés, había hecho un buen trabajo de investigación y había un trabajo escrito que lo corroboraba, lo había preparado y se había esforzado pero nada de ello sirvió porque no cuidó lo más importante: conectar con el oyente para comunicar su mensaje.

El caso fue chocante porque rompía con todo lo que yo había visto hasta el momento: memorizar y escribir lo memorizado en un examen. Pero, ¿Qué pasaría si en el trabajo hiciéramos una presentación de un producto tan pésima? ¿Y si se tratara de una entrevista de trabajo?

Por eso, creo que este profesor nos enseñó algo mucho más importante y es que en el mundo del trabajo se requieren más competencias de las que el sistema educativo actual nos prepara.

En el anterior post, introdujimos la teoría de las  inteligencias múltiples de Howard Gardner según el cual existen ocho inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal,  naturalista y musical. Estas inteligencias están presentes en cada persona con distinta intensidad, pero todas pueden ser estimuladas. Nuestro rol como padres y educadores es ayudar a los niños a descubrirlas, a valorarlas por igual y a usarlas de manera positiva. Nuestra genética marca nuestras potencialidades, pero las inteligencias se desarrollarán en mayor o menor medida en función del entorno, la familia, la educación, la estimulación, el esfuerzo y el interés.

Volviendo al ejemplo, esta compañera probablemente tenía una buena competencia lingüística, pero necesitaba desarrollar más la competencia interpersonal. Además, me gustaría mencionar la inteligencia emocional,  ya que una buena inteligencia emocional es el resultado del buen desarrollo de las inteligencias interpersonal e intrapersonal.

Por todo ello, en la educación de nuestros hijos y alumnos no debemos olvidarnos de las diferentes inteligencias y dar a cada una de ellas el mismo valor.

Desde Inter Europa queremos ayudar a que los niños descubran sus inteligencias concretas a través de proyectos como Urban Talent. A través de ellas, los niños tendrán que poner sus dones al servicio del equipo para solucionar problemas de una manera amena y divertida, mientras aprenden a convivir y respetar su gran diversidad.

“La habilidad de exponer una idea es tan importante como la idea en sí misma”.  Aristóteles

Elizabeth Adán

Acerca de Elizabeth Adán

Coordinadora del Área Internacional de Inter Europa Rioja. Gestiona y coordina el programa de prácticas profesionales en el extranjero Proyecta T.

4 Comentarios

  • Claudia Muñoz dice:

    Totalmente de acuerdo con que se desarrollen otras cualidades en las personas empezando desde más jóvenes que es cuando hay que empezar a quitar los miedos ante los demás. Y qué decir tiene que en el mundo laboral a un futuro incluso en las entrevista de trabajo el saber describirse a uno mismo, las habilidades, los defectos, etc. Por otro lado, el saber transmitir lo que queremos decir. La empatía con el que tenemos al lado. Todo muy importante. Gracias por el artículo, está muy bien escrito y se lee con fluidez del mismo modo que es fácil de asimilar lo que quieres decir.

    • Hola Claudia, muchas gracias por compartir con nosotros tu opinión. Como bien dices, si desde pequeños vamos desarrollando las diferentes inteligencias, incluidas la interpersonal y la intrapersonal, más fácil resultará después encontrar un equilibrio. Además, es posible que nuestro talento esté precisamente en una de esas inteligencias que a menudo son las gran olvidadas, y sin embargo es aquello que nos permitiría brillar. Por eso, el primer paso es identificar donde está nuestro talento innato y después ir cultivando las diferentes inteligencias, valorándolas y respetándolas por igual.

  • Virginia dice:

    De acuerdo con todo. Creo que es en la niñez cuando hay que trabajar todas esas áreas. Visto está que una sin la otra no funcionan y aunque nos decantemos siempre por la que de alguna manera manejamos (zona de confort), la unión hace la fuerza. Hoy día se dispone de más medios y conocimientos para poder llegar a un equilibrio partiendo de la base que es la inteligencia emocional.

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